Los medios, el fracking y los "terremotos": una relación confusa

“El fracking genera terremotos” es uno de los latiguillos más utilizados por quienes cuestionan las técnicas de estimulación hidráulica (fracking), necesaria para extraer hidrocarburos no convencionales. Esta acusación carece de la más mínima prueba científica, pero también de cualquier antecedente en el campo: nunca hubo un terremoto causado por el fracking, ni siquiera en Estados Unidos, que se acerca a los 100.000 pozos de extracción de hidrocarburos no convencionales.

 

“El fracking genera terremotos” es uno de los latiguillos más utilizados por quienes cuestionan las técnicas de estimulación hidráulica (fracking), necesaria para extraer hidrocarburos no convencionales. Esta acusación carece de la más mínima prueba científica, pero también de cualquier antecedente en el campo: nunca hubo un terremoto causado por el fracking, ni siquiera en Estados Unidos, que se acerca a los 100.000 pozos de extracción de hidrocarburos no convencionales.

Sin embargo, es habitual, como en los últimos días, leer informaciones en los medios de comunicación que vuelven a vincular el fracking y los terremotos en forma confusa, que pueden dar lugar a conclusiones erradas. Recientemente, por ejemplo, según los medios, las autoridades del Estado de Oklahoma reconocieron esa relación, lo que causó algo de revuelo. Conviene adentrarse, entonces, en circunstancias más pormenorizadas de esa “relación” para evitar ser presa de interpretaciones equivocadas.

Fracking, no; pozos sumideros… quizá

El fracking consiste en inyectar agua y arena a presión, con el agregado de una pequeña fracción de aditivos químicosmenor al 1% del fluido total, para abrir y conectar fisuras milimétricas en la roca, que permitan a los hidrocarburos escapar de la formación hacia el pozo, para ser extraídos. Una parte menor de esa agua inyectada puede regresar a la superficie (la llamada “agua de retorno” o “flowback”). Esta agua de retorno es básicamente agua que contiene sustancias que arrastra de la formación fracturada, en especial, cloruros, carbonatos y sales. ¿Qué hacer con esta agua? En la Argentina, más precisamente en Neuquén -en donde hoy se explotan los recursos no convencionales- la regulación es muy precisa: debe ser tratada como residuo industrial y, en lo posible, reutilizada para nuevas fracturas. Jamás, liberada en el medio ambiente.

Esa es la tendencia. Tanto en los Estados Unidos como en nuestro país, es cada vez mayor la porción de “agua de retorno” reciclada y reutilizada. Pero todavía una parte no se recicla. En lugar de eso, se la trata como residuo industrial y luego es inyectada en los llamados “pozos sumideros”. Se trata de antiguos pozos de hidrocarburos ya agotados o de pozos perforados especialmente para tal fin, con todas las medidas de seguridad pertinentes, a formaciones estériles. Allí se confina esta agua, a miles de metros de profundidad, lejos de cualquier contacto con el medio ambiente. Es una antigua práctica tanto de la industria de los hidrocarburos como de muchas otras.

Lo que ha venido sospechándose en los últimos tiempos es que parece haber alguna relación entre los pozos sumideros y el aumento de la sismicidad en algunas regiones de Estados Unidos con alta concentración de este tipo de pozos, en zonas con presencia de fallas geológicas superficiales y proclives a activarse.

Estamos hablando, claro está, de sismos habitualmente menores a los 3 puntos en la Escala de Richter, en general imperceptibles para los seres humanos y con nula posibilidad de generar daños. Y aquí encontramos otra confusión frecuente. Las informaciones provenientes del exterior, en idioma inglés, hablan de “earthquakes”, término que aquí los medios de comunicación suelen traducir livianamente como “terremotos”, sin considerar las implicancias de esta palabra. Sin embargo, según el Instituto Nacional de Previsión Sismica de nuestro país (el Inpres), se entiende por “terremoto” a “todo sismo que por su magnitud e intensidad ha causado daños materiales y/o víctimas”. En todo caso podríamos hablar de “sismos” relacionados con la actividad de pozos sumideros, pero no de "terremotos" y fracking.

En Oklahoma, específicamente, zonas que sufrieron este aumento de la sismicidad hubo un par de episodios de sismos más importantes, de alrededor de 5 puntos en la Escala de Richter, aunque no es posible establecer una relación entre estos sismos puntuales y la actividad de pozos sumideros. Es probable que estos sismos de mayor intensidad hayan tenido causas naturales. De hecho, en la gran mayoría de regiones con pozos sumideros de Estados Unidos no hubo cambios en los registros de sismicidad.

En los Estados Unidos, vale recordar, existen entre 150.000 y 200.000 pozos sumideros, algo completamente diferente a lo que ocurre en la Argentina, en donde la cantidad de pozos de este tipo ronda los 340 en todo el país. Sólo en la región afectada por sismos en Oklahoma, hay más de 3000.

Una buena noticia

Sin duda, la formación shale con mayor actividad hidrocarburífera en nuestro país es Vaca Muerta. Al día de hoy existen ya más de 400 pozos a dicha formación. Sin embargo, los registros del Instituto Nacional de Previsión Sísmica para Neuquén no muestran aumento alguno en la sismicidad en los últimos tiempos. Más aún, ni siquiera registran desde que se explota Vaca Muerta ningún sismo con epicentro en el área en la que se encuentra esta formación.

Mientras el debate científico continúa abierto, las autoridades de Oklahoma comienzan a tallar protocolos y marcos regulatorios que permitan que la actividad continúe sin riesgos. Entre otras acciones, habilitaron una página web para mantener al tanto a la población de la información que se va produciendo sobre este tema.

¿Es una mala noticia para la industria, entonces, que las autoridIdes de Oklahoma hayan reconocido la posible relación entre pozos sumideros y sismicidad en zonas con determinadas características geológicas? De ningún modo. Más bien, todo lo contrario: identificar riesgos de este tipo es algo positivo para la industria de los hidrocarburos y para cualquier actividad humana, ya que permite llevar a cabo tareas beneficiosas para la comunidad en forma cada vez más segura. Es, por lo tanto, una buena  noticia y no, como se pretende a veces, la “prueba” para considerar dañina una actividad.